THE WALL LIVE, Palacio de los deportes, Madrid, 26/03/2011

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Ha pasado ya una semana de la representación de The Wall por parte de Roger Waters en el Palacio de los Deportes de Madrid, y reconozco que todavía no me he recuperado de la impresión. Lo que vivimos el pasado sábado fue algo más que un concierto. Fue una experiencia vital que nos llevaremos todos a la tumba, y que yo al menos recordaré como uno de los mayores espectáculos que he podido presenciar. Llevaba ya varias semanas preparando convenientemente el evento, visionando el concierto de Earls Court en 1980, el de Berlin en 1990, y la película de Alan Parker. Sin duda, una obra como ésta se disfruta más si uno está metido totalmente en ella, y ese era el objetivo. Además, tenía una deuda con este album, al que había dejado siempre en segundo plano frente a obras como Wish you were here o The dark side of the moon. Nunca es tarde para enmendar los errores…

El día del concierto llegó, y después de buscar una buena localización, pudimos observar los laterales del muro que flanqueaban el escenario, y la clásica circunferencia de luces floydiana. La escenografía de la gira consiste en una reproducción modernizada de aquella que entre 1979 y 1980 representaron Pink Floyd en 31 conciertos repartidos entre Los Angeles, New York, Londres y Dortmund, y que casi arruina a la banda, por la inversión mastodóntica que suponía por aquel entonces.

Con puntualidad inglesa, se apagan las luces, y estalla la potente In The Flesh?, que nos deja a todos con la boca abierta por la impresionante puesta en escena, y nos anuncia que lo que va a venir va a ser algo muy serio:

Pero si algo llama la atención aparte del espectáculo visual, que es de primera, es el sonido, que alcanza una perfección inusitada durante todo el concierto. Creo que jamás he visto a nadie sonar tan bien en directo. Una auténtica pasada.

Tras The thin ice, con las primeras referencias anti-bélicas, llega otro de los muchos momentos cumbre, con el triplete Another brick in the wall (Part I) / The happiest days of our lives / Another brick in the wall (Part II), en el que un grupo de niños salen a hacer coros y bailar, y terminan enfrentándose al horrible profesor inchable:

Esta primera parte de The Wall se centra en la infancia del propio Roger Waters, con la referencia a la muerte de su padre en la guerra, a la escuela represiva… y esto nos lleva a otro de los grandes momentos de la noche, la interpretación de la bellísima Mother, haciendo Roger Waters un dueto virtual consigo mismo, en imágenes del concierto de Earls Court en 1980, proyectadas sobre el muro:

A estas alturas del concierto ya hemos podido comprobar cómo Waters ha sabido actualizar la obra, tanto en la temática como en el uso de la tecnología. Las proyecciones sobre el muro son espectaculares, estando bajo control cada uno de los ladrillos de forma individual, lo que permite crear unos efectos realmente impactantes. Buena prueba de ello es el hipnótico Empty Spaces:

Nos vamos adentrando ahora la historia de degradación de Pink, la estrella del rock que termina encerrandose en sí misma y construyendo el muro a su alrededor, referencia al añorado Syd Barret. Así se suceden Young Lust, One of my turns y Don’t leave me now, mientras el muro sigue creciendo ladrillo a ladrillo, para terminar de completarse con Another brick in the wall (Part III) / Goodbye Cruel World:

El muro ya está levantado, y llega el descanso de 20 minutos, para retomar fuerzas. La presencia del muro  cubriendo el escenario es inquietante, y más el saber lo que se avecina en la segunda parte del show. Y el retorno no puede ser mejor, con las escalofriantes Hey you / Is there anybody out there? / Nobody home interpretadas desde detrás del muro, que se abre ocasionalmente para ver a algunos de los músicos y para mostrar a Waters sentado en la habitación de Pink:

Y tras la interpretación de Vera y el alegato antibelicista Bring the boys back home, llega el que para mí es el momento musical más impresionante de esta obra, y posiblemente de todo el repertorio de Pink Floyd. Comfortably Numb consiguió ponerme la piel de gallina, y reconozco que también un nudo en la garganta. Es difícil describir por qué una pieza musical puede provocarte emociones tan intensas. Pero está claro que este es uno de los momentos cumbre de la música moderna, un momento sublime que pudimos disfrutar en directo, con ese solo de guitarra impresionante que pertenece a David Gilmour, pero que el guitarrista Dave Kilminster supo interpretar a la altura, y literalmente, porque lo hizo desde lo alto del muro, como Gilmour en su día:

Tras The show must go on, de nuevo In the flesh, con Waters en el papel del lider pseudo-nazi en el que se convierte Pink, y la paranoica Run like Hell, con un enorme jabalí sobrevolando el público, seguidas de Waiting for the worms y Stop, donde podemos ver los míticos martillos gigantes desfilando:

Y llegamos por fin a The Trial, la pieza más operística, que lleva finalmente a Pink a derribar el muro que tanto tiempo lleva construyendo:

Como despedida, la banda “al desnudo” interpreta Outside the wall ante los restos del muro, y el espectáculo llega a su fin:

Como decía, mucho más que un concierto. Algo irrepetible, que de buena gana volvería a presenciar si fuese posible. Imagino que terminará editandose un DVD de esta gira, porque creo que es algo obligado, teniendo en cuenta el nivel que ha alcanzado. Será un recuerdo para siempre de una noche inolvidable.

Gracias Roger, por crear esta música increíble, y por haberla recuperado después de tantos años para que las nuevas generaciones la hayamos podido disfrutar.

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