Los encuentros de Elvis con compañeros de profesión siempre han sido fruto de numerosas anécdotas. A lo largo de sus giras por USA, Led Zeppelin tuvieron la ocasión de conocer a su héroe, y fueron testigos de su particular sentido del humor.

En 1972, Elvis quería conocer a la banda. Su promotor común de entonces, Jerry Weintraub, condujo a Page y Plant a la suite del hotel de Las Vegas en la que se encontraba. Por unos minutos, el Rey les ignoró. Page comenzó a ponerse nervioso. ¿Qué estaba pasando? ¿Realmente quería conocerles? Debían ellos romper el hielo?
Elvis finalmente se volvió. “¿Son ciertas esas historias que se cuentan sobre vosotros en la carretera?”, preguntó. Plant respondió: “Por supuesto que no. Somos hombres de familia. Mi mayor placer es pasear por los pasillos del hotel cantando tus canciones”. Y Plant ofreció su mejor imitación de Elvis: “Treat me like a foooool, treat me mean and cruuuel, but loooooove me….”
Por un momento, Elvis les miró a ambos detenidamente, hasta que estalló en carcajadas. Durante las dos horas siguientes, les entretuvo en su suite. Les contó que nunca había escuchado sus discos, excepto cuando su hermanastro le puso “Stairway to heaven”. “Me gustó”, dijo.
Más tarde, saliendo por el recibidor de la habitación, Page y Plant se congratulaban de su encuentro con el Rey. “Hey, ” escucharon tras ellos. Elvis había asomado la cabeza por la puerta. “Treat me like a foooool….”.

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El siguiente encuentro tuvo lugar en 1974, en un hotel junto al LA Forum, donde Elvis actuaba. Led Zeppelin habían asistido a uno de sus shows, en el cual Elvis se giró a su banda, exigiéndoles que diesen lo mejor de sí mismos, porque Led Zeppelin estaban entre el público.
Antes de la visita, se les avisó severamente de que no le hablasen al Rey sobre música. Tras las presentaciones, y una vez se sirvieron bebidas, Bonzo inició una conversación con Elvis sobre coches. En media hora, los guardaespaldas del Rey indicaron que era hora de irse. Mientras salían, Plant dijo con entusiasmo “Elvis, eres mi ídolo. Gracias por recibirnos”. El Rey respondió cantando de nuevo el comienzo de “Treat me like a fool”. Robert continuó: “Treat me mean and cruel”. Juntos finalizaron la estrofa: “But looove me”.
La mejor parte de la visita para Zeppelin fue cuando Elvis les pidió unos autógrafos. Dijo que eran para su hija, Lisa Marie…

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En 1975, el road manager de Zeppelin, Richard Cole, se había hecho amigo de uno de los guardaespaldas de Elvis, Jerry Schilling. El año anterior, mientras Zeppelin no giraban, Cole había trabajado en el tour americano de Eric Clapton, y le había llevado a Memphis a conocer al Rey, así que decidió hacerlo de nuevo y lo arregló todo para llevar a John Paul Jones a la mansión de Elvis en Bel Air. Cuando llegaron, se les concedieron 20 minutos y se les exigió no hablar de música con el Rey. Cole entró en la sala de estar de Elvis con una botella de Dom Perignon en cada mano. Encontraron a Elvis repanchingado en un sofá, en pijama y zapatillas, viendo la tele con su séquito.
Cole estaba un poco borracho, y exclamó “¿Qué demonios está pasando aquí?”. A Elvis no le gustaba que dijesen tacos en su casa, y le contestó: “Tío, ¿que son esas palabrotas?”. Pero Cole comenzó a tomar el pelo a Elvis: “¡Aqui estás con tus jodidas zapatillas y el puto Charlie Hodge (uno de los acompañantes de Elvis) está jugueteando con un jodido lápiz! ¿Qué clase de fiesta es ésta?.
Elvis no pudo aguantar más. Pegó un salto en postura de karate y chocó las muñecas con Cole, que también se había puesto en posición de pelea. Con el golpe, el reloj Tiffany de oro de Cole cayó al suelo. Elvis lo cogió. Le encantaban los relojes, así que se lo puso. “Me gusta,” dijo el Rey.
“¡Ahh, quédatelo!” dijo Cole. Este gesto disparó automáticamente el mecanismo dadivoso de Elvis, que corrió a otra estancia regresando con otro reloj. “¡Quédate este!” le dijo. Era un reloj de oro decorado con 32 diamantes. Entonces se dirigió a John Paul Jones; “¿Y tú que tienes? Dame tu reloj”. Jones le dio su reloj de Mickey Mouse. Elvis salió y volvió con con un reloj Baume & Mercier de lapislázuli.
Elvis no tenía suficiente. “¿Qué más tienes?”, dijo. Cole le dio su anillo brasileño de amatista. El Rey se sacó un anillo de la mano, y dijo “Quédate con éste”, lanzándole un anillo de diamantes con la inscripción “Love Linda”.
Tres horas después, les acompañó a la salida, todavía en pijama, y les abrió la puerta de la limousina. Los chóferes y otros criados casi se caen de espaldas. Era poco frecuente que Elvis saliese de su casa, cuánto más que les abriese la puerta del coche a sus invitados…

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